10/17/2007

¿Cuando dejamos de ser niños?

¿Cuando dejamos de ser niños?
Cuando dejamos de ser esos cachorros protegidos todo el tiempo para convertirnos en lobos solitarios?
Más fuertes, más astutos, más ágiles, pero a la vez más desconfiados, temerosos, desesperanzados.

Qué paso con esos tiempos donde el mundo era poco para ti, donde todo lo podías, donde una palabra no podía herirte más allá de un momento de lloriqueo. Dónde estamos ahora? en un mundo donde la gente teme y teme decir que teme, donde nos acercamos a otros con miedo, donde desconfiamos de la noche, del futuro, de nosotros mismos.

Nos llamamos maduros, porque sabemos vivir con estos sentimientos inhóspitos. No es maduro el que es feliz y optimista, sino el que ve las cosas con tranquilidad a sabiendas de que no todo sale bien. Es eso hacia donde queremos ir? tiene sentido?

Cualquiera diría que no, y como todo ahora que ya no somos inocentes pequeñines, hay que pensarlo un poco más y acabaremos concluyendo que es lo mejor. En realidad no tiene sentido, pero no queda más que hacer ahora que perdimos la confianza, que hemos sido golpeados tantas veces, abandonados tantas veces, traicionados tantas veces, fracasado tantas veces, que el encontrar esperanza suficiente para respirar de nuevo es un alivio, que nos maravillamos de aquellos que aun se atreven a sonreir sin ayuda (de drogas legales o pildoras materialistas de alegria), vivimos en un mundo donde los que salen adelante no son los más fuertes, son los menos afectados. Un mundo de desesperanzados fingiendo tener esperanza por la poca esperanza de recibir ayuda si descubren su verdadera desesperanza.

Somos nuestros propios enemigos, no por gusto, sino porque así son nuestros padres, amigos, ejemplos a seguir y nos orientaron a esto. Qué diferencia sería si pudieramos proteger a los que nos rodean, si les permitiéramos equivocarse sin castigo con tal de experimentar, si no matáramos su inocente curiosidad, su eterna esperanza de que va a salir bien por más ilógico que sea, si creyeramos que su tiempo vale más que el trabajo, las reglas, la ley o cualquier otra cosa. Si dejaramos que mantuvieran esa esfera de cristal por siempre, tal vez el mundo entero sería una esfera de cristal. Si no fueramos rencorosos y si no prefirieramos que ellos sufrieran como nosotros. Si el mundo fuera diferente... aun me pregunto si sería mejor.

1 comentario:

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